Un discurso opuesto a los derechos de las mujeres e intransigente con el reconocimiento ciudadano de la diversidad sexual en Cuba se hace más visible. FOTO: cuba.unfpa.org.

La Habana, octubre (Especial de SEMac).- Un discurso opuesto a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres e intransigente con el reconocimiento ciudadano de la diversidad sexual en Cuba se hace más visible en redes sociales y productos comunicativos.

Memes, declaraciones oficiales, libros sobre la “ideología de género”, grupos en Facebook, campañas de comunicación, etiquetas, canales de YouTube y materiales distribuidos de mano en mano dejan ver puntos comunes de un discurso y agenda políticos.

Activistas y especialistas en la nación caribeña opinan que, en todo ese complejo entramado, se distingue una agenda común conectada con movimientos antiderechos de la región.

Según la serie de investigaciones “Políticas Antigénero en América Latina” , en las últimas décadas se registra una contraofensiva de campañas y movimientos antiderechos ultraconservadores, en algunos casos articulados con el poder político.

Publicadas por el Observatorio de Sexualidad y Política (SPW) en febrero de este año, las investigaciones analizan lo que han alertado movimientos de mujeres, feministas y colectivos LGBTIQ+ (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queers): existe una articulación y cohesión contra la igualdad de género, los derechos de las personas LGBTIQ+, los avances de las mujeres y sus derechos sexuales y reproductivos, en particular el derecho al aborto y a la educación integral de la sexualidad.

Como en otras naciones latinoamericanas, en Cuba la oposición al matrimonio igualitario fue la puerta de salida de los fundamentalismos religiosos y marcó su salto del púlpito a la calle en el comienzo de la disputa política, aunque existe un programa más amplio.

Para el abogado y profesor de la Universidad de Matanzas Adiel García Pérez, un primer punto que identifica claramente esa agenda antiderechos en el país es “posicionarse en contra del reconocimiento normativo de un derecho a un tercero, a un colectivo, a una minoría, a un grupo de personas”, apunta.

“Específicamente el motor impulsor fue la oposición al reconocimiento del matrimonio igualitario”, comenta el especialista a SEMlac Cuba.
La declaración pública de un grupo de líderes evangélicos, en junio de 2018, dejó claro un concepto invariable: la familia “como una institución divina creada por Dios y que el matrimonio es exclusivamente la unión de un hombre y una mujer, según enseña la Biblia, la palabra de Dios”.

A las declaraciones les siguieron mensajes en redes sociales, productos audiovisuales y movilizaciones de la campaña “Estoy a favor del diseño original. La familia como Dios la creó”. La convocatoria, además de expresar la postura de estas iglesias y su derecho a tener una voz pública, buscó influir en la redacción y aprobación de la Constitución, dentro de un estado laico.

Luego un grupo de iglesias evangélicas reunieron firmas en oposición al artículo 68, que abría la posibilidad al matrimonio igualitario. Aunque no se constata información pública sobre la cantidad de firmas recogidas, el reverendo Enoel Gutiérrez afirma, en su libro La ideología de género y su impacto. Una respuesta bíblica desde la teología wesleyana, que fueron más de 178.809.

El debate constitucional hizo entonces más visible la agenda política y el pensamiento religioso de un grupo de líderes e iglesias que buscan incidir en el ámbito legislativo, político y social desde una lectura teológica de poder y autoridad.

“Antes de que existieran las constituciones en las naciones del mundo, ya Dios había establecido el modelo y la moralidad de la familia. En Génesis, el primer capítulo de La Biblia, encontramos la creación del ser humano, y como todas las cosas creadas anteriormente, esta también recibía la categoría de bueno de parte de Dios”, afirma Enoel Gutiérrez en Familia, Sexualidad: Biblia y Constitución, otro libro publicado por el Seminario Evangélico Metodista en 2018.

Personas de fe y especialistas en Cuba insisten en que esta agenda antiderecho y conservadora no es extensiva a todas las iglesias cristianas, tampoco a su comunidad de fe en general. También señalan que la existencia de un pensamiento social conservador extiende este tipo de agendas a otros sectores sociales.

“El fundamentalismo religioso aprovecha la matriz conservadora que persiste en nuestra sociedad y se nuclea con ella. Hay un grupo de aliados no religiosos, que no están necesariamente relacionados con la fe, con la creencia religiosa, que se sienten identificados en ese grupo y que lo podemos ver en una escena cotidiana”, alerta García Pérez.

El matrimonio igualitario, el reconocimiento de la identidad de género de las personas trans, la educación integral de la sexualidad y el aborto son todos derechos que debieran disfrutar por igual personas creyentes y no creyentes en la Cuba de hoy. Sin embargo, en las narrativas antiderecho, no pasan por el tamiz de la justicia social, sino de una única y excluyente moralidad religiosa.

Para García Pérez, esto significa una “injusticia para las personas que son discriminadas, quienes ven sus derechos como objeto de debate o en cuestionamiento”.

Izett Samá Hernández, pastora de la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba, resalta la importancia de poner en primer lugar los derechos de las personas, como parte de un proyecto social que apuesta por la inclusión, y ubica claves para comprender los efectos que pueden tener las posturas más intransigentes.

“Las consecuencias más evidentes son dividir a la sociedad desde una moral sexual centrada en la familia y enfrentar todo un proceso en favor de la inclusión de la diversidad sexual como un hecho natural, como parte de la sociedad. Los derechos de los seres humanos tienen que estar por encima de cualquier dogma”, comenta Samá a SEMlac.

Otros puntos que se incluyen en la agenda conservadora y fundamentalista son la concentración de propiedades, la posibilidad de la educación religiosa en la infancia y el acceso a los medios de comunicación.

Retóricas al uso
Una comunicación directa, basada en una lectura literal y selectiva de la Biblia, circula principalmente en formato digital. De hechura profesional y con imágenes sintéticas e impactantes, estos productos en muchas ocasiones se enfocan en conectar con jóvenes y ofrecer sentidos de prosperidad y pertenencia a una comunidad.

Los mensajes de amor por Cuba y convocatorias a encontrar espacios de transformación en los templos se alternan, por ejemplo, con imágenes de fetos ensangrentados y condenas al aborto o representaciones de la diversidad sexual como una bota multicolor que intenta pisotear a una familia de madre y padre blancos.

La creación y uso del término “ideología de género” en sustitución de la teoría de género y la teoría feminista, se encuentra en el centro de una narrativa creada para conectar todos los puntos de la agenda: negación de los derechos de la comunidad LGBTIQ; oposición a la educación sexual y la superación de los roles patriarcales de género y, principalmente, estigmatización del feminismo.

Presentar la “ideología de género” como una importación reciente, ajena a la tradición nacional, es un aspecto muy común en distintas declaraciones y documentos públicos, aunque en el país se registran estudios de género desde hace más de 30 años y en 2012 se celebró el centenario de sus primeras organizaciones feministas.

A la par, esos discursos asumen etiquetas, imágenes, mensajes y frases usadas en países de Latinoamérica desde 2016, como la campaña #ConMisHijosNoTeMetas.

Otra estrategia es apostar por un discurso positivo, pero en esencia excluyente, al reafirmar su modelo de familia como el único válido y de mayor jerarquía. Así, desde distintos espacios se continúa relacionando la homosexualidad con el pecado, la enfermedad y el delito, asociaciones que intentan sembrar rechazo y miedo en la población.

De los tantos ejemplos que pueden encontrarse en las redes digitales, hay uno que expone la asociación de la homosexualidad con la pedofilia, como estrategia para estigmatizar y condenar.

Cinco líneas antes de afirmar “te amo, valoro tu vida tanto como la mía, oro por ti, quiero verte feliz, quiero que sepas cuán valioso eres, que conozcas la verdad y que seas libre”, un texto compartido por la artista cubana Danay Suárez sentenciaba: “Bajo ninguna circunstancia consideres ‘normal’ ni ‘bueno’ aquello que está fuera del perfecto orden establecido por Dios (un hombre y una mujer adultos que se unen bajo un pacto de amor y compromiso exclusivo y permanente). Todo lo demás, incluyendo, desde luego, la pedofilia, es una perversión”.

Existe un tipo de violencia que alterna frases como “amamos al pecador, pero no al pecado” y “no somos homofóbicos”, con un lenguaje belicista que sataniza la diversidad sexual y llama al arrepentimiento y abandono de la homosexualidad, entendida como estilo de vida perverso.

“El diablo ahora mismo: ‘Cristiano, calladito te ves más bonito. No te metas en política. Deja que la agenda LGBT robe tus hijos'”, puede leerse en un post del pastor Adrian Pose.

También ocurre que las afirmaciones, generalizaciones y asociaciones suelen aparecer sin referencias.

Cuando se busca posicionar en el sentido común de las personas que las teorías de género y los feminismos –estigmatizados en la “ideología de género”– afirman que la orientación sexual y la identidad de género son simples elecciones, invenciones que tratan de imponerse en la sociedad, casualmente no aparecen citas directas de documentos o investigaciones que lo reafirmen.

Por ejemplo, es común que se mencionen estudios y estadísticas sin las fuentes directas.

“Es asombroso el número de niños, adolescentes y jóvenes que viven en hogares de padres y madres divorciados, según datos de estudios a nivel mundial, el divorcio contribuye a una inadecuada conducta social, al abandono escolar, al alcoholismo, a la drogadicción, la violencia, la homosexualidad y al suicidio. Pero está claro que quienes promueven el divorcio como solución nunca pensaron en estas consecuencias”, puede leerse en la página nueve de Familia, Sexualidad: Biblia y Constitución.

Por último, rastrear las fuentes puede llevar a encontrar la difusión de información falsa también en Cuba.

En 2016 y 2018 circuló en internet una noticia de que las Naciones Unidas habían reconocido la existencia de 112 géneros. En 2019 se comprobó que era una noticia falsa. Sin embargo, tanto en el libro La ideología de género… como en Familia, sexualidad: Biblia y Constitución se reproduce la misma información sin verificarla y se relaciona con el contexto cubano.

“Detrás de las organizaciones que respaldan y promueven la existencia de más de 112 géneros sexuales se encuentran los deseos e impulsos antinaturales de la sexualidad. Es absurdo querer negar que todo esto exista, pues es un hecho real y que va en aumento, lo que sí es totalmente ridículo e ilógico es el intento de institucionalizar las bases del matrimonio para que responda a estas desviaciones”, afirma el autor de Familia, sexualidad: Biblia y Constitución en la página 26.

A estas estrategias y características pueden sumarse otras, como el uso de figuras históricas de la nación, la autovictimización, la desacreditación de las Naciones Unidas y la utilización de la “ideología de género” como amenaza y envase donde caben, según convenga, el feminismo, los movimientos LGBTIQ, la justicia social, el marxismo y el fascismo.

Una lectura atenta a las fuentes y generalizaciones, que ponga en contexto nacional y regional tales afirmaciones y propuestas, puede ser útil para develar las tramas de narrativas que atentan, en la actualidad, contra la justicia de género.