CIMACFoto: César Martínez López

Las mujeres llevamos años exigiendo la autonomía de nuestro cuerpo. Queremos habitarlo plenamente, hemos ganado algunos escalones en ello, pero aún tenemos un hueso duro de roer, no por nosotras sino por los conservadores, sobre todo cuando se refiere a la decisión de si queremos seguir con un embarazo o no, sin importar por qué, ni como sucedió el embarazo. Lo que queremos es poder terminar con él sin poner en riesgo nuestras vidas.

Para lograrlo, hemos tenido que mostrar y demostrar las razones de la legalización del aborto, tanto en materia de salud pública como de Derechos Humanos.

Demostramos que lo mismo abortan mujeres que profesan alguna religión, incluida la católica que las laicas; lo mismo lo hacen las liberales que las que no, las pobres que las ricas, de todas las edades reproductivas y de condiciones diversas; que lo mismo las casadas que las solteras.

Es decir, que cuando las mujeres se enfrentan a un embarazo no deseado y toman la decisión de interrumpirlo, lo hacen.

También hemos mostrado y demostrado que ha mayor criminalización y persecución, más muertes de mujeres.

El aborto ha existido siempre, y es parte de la historia de la humanidad y de las mujeres en particular. En todas las culturas están registradas las prácticas de aborto, desde brebajes y técnicas altamente riesgosas.

Cuando una mujer toma la decisión es porque ya pasó un largo proceso de meditación. Llegan al aborto como último recurso.

Justicia social
La penalización del aborto genera injusticia social. Pues acceder a él de manera segura depende del dinero que tengas, y por ello quienes más mueren son las más pobres.

Quien tenga los recursos económicos podrá acudir a una clínica u hospital en las mejores condiciones, quien no, lo realizarán como puedan, con mayores probabilidades de muerte.

Hoy en nuestro país si tienes dinero e información es probable que vengan a la Ciudad de México, donde el aborto es legal hasta las doce semanas.

En cuatro días más, en todo el mundo la demanda de despenalizar el aborto será tema. Los opositores discutirán sobre un cuerpo y una vida que no es la suya, sino de la de otras. Las mujeres buscarán salvar su vida y la de miles que pueden perderla por la prohibición y la práctica riesgosa.

Cuando nos creemos en la modernidad e incluso en la posmodernidad, la discusión por la despenalización del aborto nos muestra que, en temas como este, el oscurantismo sigue vivo y en la pre modernidad.

Y un ejemplo del conservadurismo es lo que ocurre en Nuevo León donde un diputado panista busca criminalizar dotar de información sobre el aborto.

Para no morir
¿Por qué abortan las mujeres? Porque necesitan hacerlo, porque no pueden o no quieren ser madres, porque el anticonceptivo falló, porque fueron violentadas, por la razón que sea. Cuando toma la decisión nada la detiene, aun cuando con esa decisión se juegue la vida.

Porque la maternidad no es un juego, ni un azar, es una decisión de vida y por ello, habría que garantizar las condiciones para que si así lo deciden las mujeres, puedan interrumpirlo de manera segura.

La criminalización por abortar provoca que cada año 47 mil mujeres mueran en el mundo por prácticas inseguras.

Es como si cada año 21 barcos Titanic se hundieran sin ningún sobreviviente, es decir, un Titanic hundido cada 57 días.

Porque no queremos estas tragedias y si para cuidar la vida de las mujeres es que este próximo 28 de septiembre en todo el mundo se llevará a cabo el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro.

Porque nos queremos vivas, sin ser criminalizadas o encarceladas por ejercer nuestro derecho a decidir si queremos o no ser madres. No podemos permitir que el oscurantismo se mantenga vivo, cuando tenemos la razón.

Permitir el aborto legal no obliga a nadie hacer algo que no quiere; pero sí garantiza que las mujeres que así lo decidan puedan hacerlo y seguir vivas.