Son demasiados los temas que hay en el mundo actual para reflexionar. A la pandemia le sumamos los desastres naturales que están ocurriendo: incendios, huracanes, terremotos, las temperaturas extremas o las sequías que provocan grandes migraciones.

Parece ser que la naturaleza quiere darnos un mensaje a la humanidad y nos está urgiendo terminar con las invasiones agresivas. En medio de esto, nuestro país apuesta por las tecnologías más contaminantes del mundo, para muestra un estudio realizado por el Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire, demuestra que la termoeléctrica y la refinería de Tula contaminan 33 VECES MÁS que todo el Valle de México.

Sí, leyó bien, 33 veces más que todo el parque vehicular de la CDMX, y esa es la gran apuesta del gobierno de México: los combustóleos, que son como la basura de la extracción del petróleo.

En el mundo nadie los quiere por contaminantes y aquí cerramos la puerta a las energías limpias, para acabar con el medio ambiente. Y por si fuera poco, de paso encarecer el recibo de luz de todos y todas los mexicanos, ni que decir de los recortes parejos del 75% del presupuesto, por ejemplo, a la CONAFOR, a las áreas naturales protegidas. Es un austerinato.

Mientras que los datos publicados por el INEGI comentados aquí la semana pasada nos dejan ver ya lo que empiezan a ser los problemas secundarios del COVID19 en nuestro país. Cierto es que esta pandemia no había forma de preverla, pero sí de enfrentarla, y las decisiones de nuestro país para desfortuna de la mayoría han sido muy poco atinadas, por decirlo de alguna forma: cero apoyos, cobros agresivos de servicios, impuestos, cero aplazamientos, créditos que no sirven para nada, se nos obliga a todos a quedarnos en casa, a cerrar negocios, a no correr a las personas y a pagarles, pero sin absolutamente nada a cambio; eso no traerá buenas consecuencias para nadie. El hartazgo, el daño económico causado y el sufrimiento de las personas pueden desencadenar en movimientos sociales que en nada nos benefician.

Casos como el de George Floyd en USA, el de Giovanni en Jalisco, el de la joven golpeada por policías en la CDMX, sin dejar de lado toda la historia en materia de racismo, abuso policial y discriminación, se ven exponenciados por la situación actual en el mundo de crisis, de incertidumbre, de hartazgo de ineficiencia de los gobiernos, del hambre, de los problemas de siempre, pero con una incertidumbre como nunca.

Me gustaría abordar cada semana un sector durante y después de la pandemia, esta semana me gustaría hacer algunas reflexiones sobre el turismo, que representa casi 9 puntos del PIB según el INEGI. De acuerdo con Braulio Arsuaga, presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico y director del grupo hotelero Presidente Intercontinental, el sector emplea más de 4 millones de personas dedicadas a ese servicio en nuestro país. El CNET estima que en lo que va de la pandemia se han perdido 500 mil millones de pesos y tienen un estimado de recuperación del sector de 70 meses, con base en la experiencia de 2009, donde tardaron 36 meses en recuperarse.

En México las cancelaciones que se han dado en el sector durante los casi tres meses llevan 90% de cancelaciones de hoteles, restaurantes, boletos de avión, autobuses.

Es posible que desaparezcan los buffets de comidas como medidas sanitarias, la desaparición de lobbys presenciales, la utilización de tecnología como códigos QR para el room service y dejar a un lado las cartas, mucha decoración de los hoteles se tendrá que quitar, las alfombras tenderán a desaparecer, los cruceros se han caído al borde de la desaparición, probablemente empresas como Airbnb, booking, home away, etc. tengan que evolucionar en sus protocolos de limpieza o pueden desaparecer.