El aguacate está secando el centro de Chile y amenazando la supervivencia de cientos de comunidades. FOTO: EFE/Elvis González.

Petorca (Chile), 14 ago (EFE).- Es el rey de los “foodies” en Instagram y el “superalimento” más recetado por los nutricionistas. Pero el aguacate, que necesita ingentes cantidades de agua para su cultivo, es también un fruto que está secando el centro de Chile y amenazando la supervivencia de cientos de comunidades.

Marta Puente pasea por su pequeño terreno donde hace un tiempo criaba abejas y sacaba una miel “estupenda”. Llegó a tener cien colmenas, pero la sequía que azota desde hace una década la provincia de Petorca, 220 kilómetros al norte de la capital chilena, dejó a las abejas sin plantas donde polinizar.

Hoy solo le quedan una docena de gallinas y una paupérrima pensión: “Éramos 15 apicultoras (en la zona), todas de edad, ese era nuestro único rubro, pero perdimos todo por la falta de agua”, se lamenta a Efe la septuagenaria.

Sus vecinos también se han visto fuertemente afectados y, a modo de protesta, han colocado en la valla de su pequeña finca los cráneos de las vacas y ovejas que han perdido en los últimos meses.

El 2019 fue el año con menos precipitaciones desde que se tienen registros en Chile, y los ambientalistas estiman que durante el último verano austral se perdieron más de 50.000 cabezas de ganado solo en Petorca y en la cercana San Felipe de Aconcagua.

Pero la grotesca estampa del valle contrasta con los imponentes y frondosos cerros abarrotados de aguacateros, que se levantan a pocos kilómetros del terreno de Marta Puente: “La poca agua que hay se la llevan las paltas (nombre del fruto en Chile)”, admite resignada.

FIEBRE DEL “ORO VERDE”
La fiebre del “oro verde” comenzó a finales de la década de 1990 cuando decenas de empresas, atraídas por su cálido clima, compraron cerros a precio de saldo en la zona central de Chile y talaron el bosque nativo para instalar plantaciones.

Con casi 40.000 hectáreas, el aguacate es el tercer cultivo del país y la región de Valparaíso, a la que pertenece Petorca, concentra más de la mitad de la producción nacional, según el último censo agrícola.

El “hass” es la variación estrella -Chile es uno de los principales productores del mundo- y casi el 70 % se destina a la exportación, principalmente a Europa.

Los ambientalistas denuncian que la intensificación de este cultivo ha agudizado la catastrófica sequía que vive Petorca -la más grave en medio siglo-, porque la palta es un fruto tropical que requiere 400 litros de agua por cada kilogramo producido.

“Plantar paltas en zonas desérticas no tiene sentido”, denuncia a Efe Rodrigo Mundaca, secretario general del Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (Modatima).

Lo mismo cree Claudio Fuentes, un trabajador de una plantación en la ribera del río Ligua, otrora caudaloso y desde hace diez años un lecho de piedras y hierbajos.

“Yo me bañaba aquí de chico, pero mira ahora… Todo el cauce está intervenido”, dice en referencia a los drenajes que las grandes compañías construyen a más de 100 metros bajo tierra para llegar a las napas subterráneas, una profundidad inalcanzable para los pequeños agricultores.

“Petorca es el epicentro nacional de la violación del derecho humano al agua”, apunta Mundaca, para quien es “criminal” que en la provincia haya 40.000 personas sin acceso al líquido vital y se tengan que abastecer con camiones aljibes.

“En Chile no hay sequía, hay saqueo”, asevera.

EL AGUA, UN BIEN PRIVADO
Chile es uno de los países con el mayor nivel de privatización del agua del mundo: se calcula que hoy en día el 80 % de los recursos hídricos del país están en manos privadas, principalmente de grandes empresas agrícolas, mineras y de energía.

Los particulares no son dueños de los ríos como tal, pero sí de los litros por segundo que tienen los cauces y la priorización del uso del agua para consumo humano no está garantizada en la Constitución, al contrario de lo que pide Naciones Unidas.

“En una situación de emergencia climática como la actual, ni siquiera esos grandes poseedores de derechos de agua pueden satisfacer su demanda porque muchos ríos están vacíos”, explica a Efe Mauricio Ceballos, portavoz de Greenpeace.

Hay expertos que señalan que la privatización sí es un modelo exitoso, pero solo en escenarios de abundancia de agua, algo que no ocurre en Chile.

Según Greenpeace, Chile es el país con la mayor crisis hídrica del hemisferio occidental y el 76 % de su territorio está afectado por la sequía.

“Probablemente no vayamos a tener nunca niveles de precipitaciones como los que había cuando se creó este modelo”, que tiene su origen en la economía neoliberal instaurada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), admite Ceballos.

Efe contactó con el ministerio de Agricultura y la principal patronal frutícola en reiteradas ocasiones, pero no recibió respuesta.

Si bien ha habido intentos en los últimos tiempos por cambiar la legislación, ninguna reforma ha llegado a término por los grandes intereses políticos y económicos que hay detrás.

De hecho, el blindaje del agua como un derecho humano en la Constitución fue una de las principales demandas en la ola de protestas que azotó Chile a finales del año pasado y los ambientalistas confían en que el proceso constituyente que comenzará el próximo octubre suponga un cambio de modelo.

Mundaca, de Modatima, cree además que la pandemia ha despertado cierta conciencia medioambiental y que cada vez hay más consumidores comprometidos con el origen de los alimentos.

“La palta tiene grandes bondades nutricionales, nosotros no estamos en contra de su consumo, pero es muy importante que la trazabilidad sea muy rigurosa. Si yo viviera en Europa, no compraría palta de productores que le roban el agua a las comunidades”, implora.