Un estudio publicado en el Psychological Bulletin afirma que las experiencias traumáticas vividas en la infancia provocan envejecimiento biológico prematuro. FOTO: PIXABAY/ILUSTRATIVA.

Hoy en día se sabe que diversos problemas cardiovasculares, psicológicos y crónicos se iniciaron en la niñez; recientemente un estudio publicado en el Psychological Bulletin de Estados Unidos afirmó que las experiencias traumáticas vividas en la infancia tales como violencia doméstica pueden provocar envejecimiento biológico prematuro en menores de edad.

Diversas investigaciones sobre adversidad en la vida temprana (ELA por sus siglas en inglés) sugieren que ciertas vivencias traumáticas afectan física y psicológicamente el desarrollo de los niños, pero un estudio reciente de autores pertenecientes a la Universidad de Washington, la Universidad de Stanford y la Universidad de Harvard, demostró que el efecto puede notarse en la madurez mental y el envejecimiento celular.

Los investigadores revisaron 83 estudios sobre ELA en menores de 18 años, separando las experiencias en dos categorías: basadas en la amenaza, es decir, en la violencia, y basadas en la privación, en relación con la pobreza o negligencia de las familias o instituciones a cargo del menor.

Además, se compararon las experiencias con tres diferentes métricas de envejecimiento biológico: desarrollo puberal, envejecimiento celular y desarrollo cerebral.

Como resultado se halló, los menores que sufrieron violencia tuvieron un desarrollo acelerado en las tres métricas, mientras los menores con experiencias de privación no tenían tal efecto, aunque no los exenta de sufrir daños psicológicos.

Se consideró que la presencia de amenazas constantes forzó a los cuerpos a madurar sexualmente para preparar a los cuerpos a una reproducción más temprana.

“Ahora tenemos estos marcadores del envejecimiento biológico temprano que podemos usar como posibles indicadores para los niños que podrían estar en problemas en el futuro”, declaró Natalie Colich, investigadora postdoctoral en la Universidad de Washington y primera autora del artículo, “si un niño que llega al consultorio de un pediatra muestra un inicio puberal precoz, podría primero comenzar a preguntar sobre las experiencias que tuvo este niño en la primera infancia y también saber que probablemente este niño corre el riesgo de sufrir enfermedades mentales y problemas de salud física en el futuro. Entonces, el envejecimiento biológico es un buen marcador de estas dos cosas que debemos tener en cuenta para promover una trayectoria de desarrollo más saludable”.

Por ahora, continúan haciéndose más estudios con el fin de, en un futuro no muy lejano, no sólo pueda conocerse los posibles efectos en los menores de vivir en ambientes que representan amenazas a su desarrollo, sino incluso preparar terapias que ayuden a intervenir el envejecimiento celular temprano, además del daño psicológico de estas experiencias.