El enviar a sus hijos de vuelta a las aulas representa un serio conflicto porque pondría en riesgo aún más la salud de una comunidad ya golpeada por el COVID. FOTO: EFE/Alicia L. Pérez.

Houston (TX), 4 ago (EFE News).- Para algunos padres hispanos que viven en zonas con mayor desventaja académica y económica en Texas, el enviar a sus hijos de vuelta a las aulas representa un serio conflicto porque pondría en riesgo aún más la salud de una comunidad ya golpeada por el COVID-19.

Ese es, por ejemplo, el caso de Jorge Rodríguez, natural de Honduras y padre de dos niños de 15 y 17 años de su primer matrimonio, que reside en el este de Houston con su actual esposa y que a su vez es madre de dos hijos de 16 y 14 años también de su primer enlace.

Según Rodríguez, las clases presenciales podrían ser una “bomba de tiempo que estallará” con el primer contagio.

“(Los estudiantes) pasan todo el día juntos, comen juntos, están todo el día en las clases, hacen deporte juntos, entran y salen de la escuela juntos. ¿Cómo puedes mantener la precaución en un ambiente como ese? ¿Por qué quieren jugar con la vida de las personas?”, se preguntó el padre de familia en declaraciones a Efe.

El Distrito Escolar Independiente de Houston (HISD, en inglés) ha programado el inicio de clases para el próximo 8 de septiembre y decidido que las primeras semanas (hasta el 16 de octubre) la instrucción para los más de 200.000 alumnos de este distrito, el más grande de Texas, sea exclusivamente virtual.

El Gobierno estatal, sin embargo, ordenó hace más de un mes que las escuelas reabrieran las aulas este otoño, si bien la semana pasada la Agencia de Educación de Texas (TEA, en inglés) ha empezadso a ofrecer mayor flexibilidad a los distritos escolares.

“ES CÓMO LEVANTARSE DE LA MUERTE”
Como expacientes de coronavirus, Rodríguez y su esposa conocen de primera mano las molestias y los agobios causados por el coronavirus: dolores musculares y de cabeza, falta de respiración, dolores punzantes y agudos en los pulmones, altas temperaturas y diarrea, “mucha diarrea”.

Tanto Rodríguez como su esposa, quienes en un principio manifestaron incredulidad ante la fuerza de la enfermedad, se automedicaron y, aunque dicen que la pasaron “muy mal”, no acudieron a algún centro médico a pasar consulta ni a hacerse la prueba del COVID-19.

“Es como levantarse de la muerte”, afirma Rodríguez sobre su lenta recuperación. En ese lapso, todos sus hijos estuvieron en casa de familiares y a la fecha no se han contagiado.

“Pero eso puede cambiar cuando pisen la escuela”, expresó Yesenia Alcerro, también sobreviviente de la COVID-19 y madre de tres niños que estudian en una escuela donde el 94 % proviene de hogares de escasos recursos económicos.

Así como Rodríguez, el temor de Alcerro es que sus hijos sean portadores y contagien al resto de la familia en una comunidad vapuleada por el COVID-19.

CASOS A LA DERIVA
Según las cifras oficiales, hasta este lunes, el condado Harris, donde se asienta Houston, concentra el mayor número de casos positivos de coronavirus (78.105) del total en Texas, que asciende a 442.014. También es el condado con más muertes (1.318) de un total estatal de 7.016 fallecidos por COVID-19.

Los hispanos conforman el 40 % de todos los contagios y el 50,4 % de todas las muertes en Texas, según la contabilidad del Departamento de Servicios de Salud estatal.

Por eso, a 750 millas de distancia de Houston, en la ciudad fronteriza de El Paso (Texas), Julie Ortega también tiene pavor de que sus tres hijos, todos en edad escolar (uno de ellos con autismo), puedan contagiarse si es que acuden a clases presenciales.

“Estaré tranquila de que asistan a clases cuando me aseguren que ya hay un tratamiento efectivo, como una vacuna, porque no estamos hablando de un dolor de cabeza o de un simple catarro”, expresó Ortega a Efe.

El Condado de El Paso ha registrado poco menos de 15.000 contagios y 250 fallecidos, cifras mucho menores que el condado Dallas, Bexar o Hidalgo, donde hay mayor concentración poblacional.

¿Y LA PLANA DOCENTE?
La gran mayoría de los distritos escolares han anunciado que iniciarán clases virtuales, incluso semanas antes de que se abran las puertas de los plantes y se retomen las clases en persona.

Para enfatizar la importancia del inicio del año lectivo, TEA anunció que no entregaría fondos públicos a los distritos que cancelen las clases presenciales.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, reiteró la semana pasada que ningún gobierno local tiene la autoridad de cancelar o suspender las clases presenciales sin siquiera haber empezado a desarrollarse y que sólo entonces, y cuando exista un brote, podrán hacerlo.

Miguel Reyes Jr, maestro de salud, educación física y comunicaciones en una escuela de Houston, parece tenerlo claro.

“No hay institución o líder que parezca estar seguro de saber lo que realmente está pasando o cómo enfrentar una crisis de esta magnitud”, mencionó a Efe.

En marzo, de acuerdo Reyes, les dijeron a los maestros que no regresarán a clases presenciales hasta que existan los mecanismos para hacerle la prueba del COVID-19 a alumnos, docentes y personal administrativo.

Y así, dice Reyes, se han anunciado diferentes versiones que han mutado en otras que a su vez no llegan a ser las definitivas.

“Tengo que hacerlo”, señala sobre el tener que regresar a las aulas a dar clases presenciales, porque si no acata está en juego su salario, su pensión y los beneficios médicos.