Los tiempos, más que nunca, están cambiando. La velocidad a la que se están produciendo las transformaciones a raíz de los acontecimientos provocados por la pandemia de Covid19 están siendo espectaculares.

Uno de los ámbitos en los que estas transiciones se están desarrollando de forma más manifiesta es en el de la tecnología. El proceso de digitalización —que, aunque ya estaba en marcha, se ha visto acentuado a causa de los periodos de confinamiento y alarma derivados del virus— ha afectado a prácticamente todas las esferas de vida, desde el comercio y las prácticas laborales hasta las relaciones interpersonales.

Esto ha hecho que la utilización de la videollamada se convierta en un sistema de comunicación utilizado, por primera vez, de forma verdaderamente masiva. La generalización del trabajo remoto y las medidas de distanciamiento personal han dado el empujón definitivo a estas técnicas, que se han llegado a convertir en el método de comunicación más utilizado en muchas empresas, instituciones e incluso organismos públicos.

Todos hemos visto durante los últimos meses a políticos de toda índole y condición a lo largo y ancho del planeta sentados frente a grandes televisores atendiendo llamadas a pantalla partidas con sus ministros, gobernadores, socios de gobierno o líderes de la oposición. Hasta a esas esferas, las de poder público y gestión estatal, ha llegado el protagonismo de estos sistemas de videoconferencia.

No ha sido diferente para el resto de la sociedad. Programas y aplicaciones como Zoom, Skype, Facetime, o Google Duo, Hangouts, Viber o Jitsi se han asentado como plataformas especializadas indispensables para comunicarnos con nuestros compañeros de trabajo, superiores y empleados o seres queridos.

Muchas redes sociales o servicios de mensajería como Whatsapp o Facebook Messenger han experimentado un amplio crecimiento en el número de videollamadas emitidas durante estos últimos meses.

Nadie se queda atrás en la transición a la digitalización, y el número de alternativas y posibilidades es cada vez más amplia, empezándose a poner en boga seriamente temas como la privacidad o la protección de datos.

De hecho, cada vez más plataformas (nuevas y antiguas) tratan de diferenciarse de sus competidores por esta vía, tratando de ofrecer entornos seguros, cifrados y fiables para comunicarse.

Aunque la utilización de estos sistemas ha sido desigual (los sectores más jóvenes de la sociedad urbana y las empresas más modernas son las más proclives a incorporar estos avances de forma natural y a utilizar estos medios de forma generalizada), lo cierto es que no son pocos los comercios de corte más tradicional que han buscado en la digitalización una alternativa para mantenerse en funcionamiento.

Tampoco son pocas las personas mayores que se han iniciado en la utilización de estos sistemas o han perfeccionado sus habilidades digitales durante esta etapa con el fin de mantener el contacto con sus familiares y amigos.

En paralelo a este incremento de demanda, los servicios de VPN han visto incrementada su demanda hasta en un 300% en algunos casos, por la preocupación de que este tipo de reuniones remotas provoquen problemas de seguridad o de privacidad.

En un momento como el actual, en el que comienza a vislumbrarse en la distancia esa nueva normalidad a la que tanta referencia se hace, cabe preguntarse si esta dinámica se mantendrá y continuará acentuándose o si se ralentizará a causa del posible aumento de los encuentros presenciales que surjan como reacción al periodo de distanciamiento previo.

La incertidumbre de la desescalada, las posibilidades de rebrote y la generación de rutinas y protocolos heredados de los tiempos del estado de alarma parecen indicar en la dirección del mantenimiento de la tendencia.

Las leyes y las medidas que se están proponiendo por parte de muchos gobiernos y autoridades públicas, tanto en el ámbito de la salud pública como en el del mercado laboral y los protocolos profesionales, también parecen estar destinados a afianzar estas prácticas.

Aunque los encuentros y la comunicación digital nunca puedan llegar a competir con la presencial, por la falta de cercanía, contacto y realidad, algunas de sus ventajas y sus practicidades están llamadas a estar muy presentes tanto en la actualidad más inmediata como en los tiempos venideros.