La desigualdad, quinto jinete del apocalipsis
Es frecuente creer que en las pandemias todo el mundo la pasa igual, que la posibilidad de contagio al igual que la de prevención. FOTO: CIMAC NOTICIAS.

Es frecuente creer que en las pandemias todo el mundo la pasa igual, que la posibilidad de contagio al igual que la de prevención, son parejos para todas las personas y que los efectos económicos posteriores nos pegan igual.

Pero esto es un mito, ni en México ni en ningún lugar del mundo los efectos de una pandemia como la que actualmente vivimos se enfrenta igual, todo depende del grado de desigualdad en el que te encuentras.

En los últimos días de enero, el departamento de asuntos económicos y sociales de la ONU dio a conocer el Informe sobre la desigualdad mundial y alertó lo que esto implica para el desarrollo sostenible de la humanidad.

Un de las razones de la profundización de las desigualdades, señala Marta Roig, autora del informe, son ni más ni menos, las políticas de los gobiernos que han privilegiado a los ricos.

Más de dos tercios de la población mundial vive en países donde la desigualdad ha crecido y forma parte de los 170 países afectados por el COVID-19, para esta población las posibilidades de infección, prevención y las consecuencias económicas, se están profundizando, y de entre ellos, las mujeres, por las desigualdades que viven, son las más afectadas.

Quiénes pueden pagar en México 14 mil pesos por una prueba de COVID-19, cuando 4 de cada 100 personas trabajadoras logra ingresos de 15 mil 429 pesos mensuales, en tanto que en las mujeres 4 de 100 ocupadas gana 13 mil 255 pesos al mes.

La mitigación de los efectos de la pandemia, tanto de salud como económicos, dependerá de las políticas que los gobiernos asuman, especialmente para no ahondar las desigualdades que de por sí ya enfrentan las mujeres.

Por ejemplo, todas las personas que trabajan en la compañía ALSEA (dueña de Starbucks, Vips, Chilis, Burger King entre otros) que opera cerca de 4 mil 500 unidades y cuenta con más de 85 mil colaboradores en México, España, Argentina, Colombia, Chile, Francia, Portugal, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Uruguay, de acuerdo con su propio portal, difícilmente sobrevivirán este confinamiento sin sueldo, como lo anunció la multinacional.

Cuántas de estas 85 mil personas colaboradoras de ALSEA son mujeres, cuántas de ellas son el principal sustento de su familia.

En México hay por lo menos 4 millones de mujeres sin servicios médicos, 15.3 millones de mujeres en el comercio ambulante y 2.3 millones de empleadas del hogar.

Para todas ellas la pandemia del COVID-19 no significa lo mismo. A su desigualdad se prevé se sume mayor pobreza, por la simple razón de no contar con los mínimos para prevenirla, enfrentarla y sobrevivirla.

Ellas rebasan por mucho el anuncio presidencial de créditos para un millón de pequeños comercios.

El no verlas, ni oírlas las aleja de las políticas que se están diseñando, sin tomarlas en cuenta. Aquí la ausencia de las instituciones responsables de la igualdad femenina, que, por lo que se ve, tienen cero injerencia en la política nacional, serán corresponsable de profundizar las desigualdades de las mujeres.

Mantener la desigualdad para que uno por ciento más rico de la población tenga más dinero, es criminal.

Cuando 5.1 millones de hogares mexicanos no tienen red hídrica, la recomendación de lavarse las manos, queda en buenos deseos.

Como dice la economista Carmen Ponce “la desigualdad marca la vida del país y de sus agentes económico-sociales. No es lo mismo lavarse las manos (prioridad número uno), en la colonia Nápoles de la Alcaldía Benito Juárez (CDMX), que lavarse las manos en Huajuapan de León, Oaxaca, o en un municipio de la Sierra de Guerrero” o en Iztapalapa, agregó.

Tampoco es fácil confinarse, recomendación en fase 2 de Covid-19, cuando la pobreza es tu realidad, como lo es para 52.4 millones de nuestra población mexicana, que representa 41.9 por ciento del total, la mayoría mujeres.

Si estas asimetrías son obviadas despertaremos ante el quinto jinete del apocalipsis: la desigualdad de género, que habrá cortada la cabeza al desarrollo sostenible de la humanidad.