Ser padre es muy complicado. Tener que educar una vida, enseñarles valores. Se duda a menudo de si se está haciendo un buen trabajo. Sobre todo cuando se trata de enseñar “lo bueno” y “lo malo”.

Las personas a tu alrededor te “aconsejan”, desde tus padres, familiares, hasta los amigos que tienen hijos más grandes que tú.

¿Que pasa si no estás de acuerdo con tus padres que no es el mejor método de educar tu hijo(a) de ese modo pero igualmente pasa mucho tiempo con tu hijo(a)?

No explicamos la importancia de los valores morales
Empecemos con lo primordial. Todo lo que hacemos es valorado de algún modo por otros. Siempre: respirar, caminar, dormir, comer, hablar, reír, el modo de vestir, nuestros pasatiempos, besar en la boca a tu hijo(a),etc.

Lo que caracteriza a los valores morales, es atribuirles además, que lo que hacemos es “bueno” o “malo”.

La mayoría de nuestros conceptos de bueno o malo se forman en la infancia, ya sea con nuestros pares (p.e. al dejarle de hablar a alguien que dijo mentiras) o por las personas encargadas de su cuidado (p.e. al expresar que un niño no está bien que agarre cosas que no son suyas porque eso es robar, y robar está mal).

Así vamos por la vida, formados con reglas de lo que debería ser y no y juzgando a otros cuando no encajan con nuestros valores.

Hasta que nos encontramos con dilemas morales que nos ponen en conflicto, pues no encajan completamente en “malo” pero tampoco en “bueno”.

Y esto en gran medida es debido a que no explicamos a nuestros hijos el porqué hacer algo decimos que está bien. No justificamos nuestra conclusión. Y es válido en los primeros años, pero resulta importante a largo plazo hacerlo.

Pensemos en el valor moral de la honestidad. ¿Por qué dirías que está bien decir la verdad y está mal mentir?

El propósito de un valor moral
La personas siempre estamos conviviendo con otras, formamos grupos. Dependemos de otros para sobrevivir ya que no podemos hacerlo todo.

Un valor moral permite tener reglas aceptadas y practicadas por la mayoría. Así, sabemos que de no seguirlas afectaría a los demás, y en consecuencia al individuo que no las siguió.

En el caso del valor moral de la honestidad, sería considerado algo bueno para un grupo determinado porque si se miente, alteraría al grupo, como la fábula del pastorcito mentiroso la credibilidad y vería afectado el pastorcillo. Pero igualmente si mentir es valorado como bueno, será porque así beneficia al grupo.

Como dice Luis Zarzosa “La vida no es blanco y negro, es de colores y cada uno tiene su matiz”

Si le enseño a mi hijo(a) a cuestionar, ¿será difícil de manejar?
Cuando he llegado a comentar a personas sobre esto, la duda común es la siguiente ¿Pero es no los dejaría más confundidos?¿No se volverían más rebeldes y más difíciles de manejar?

Enseñarles a cuestionar, como lo dice Smith “no equivale a entregarles una pistola verbal, cargada, que les permitirá que se descontrolen”. El difícil manejo de los niños no es por que cuestionen, si no por falta de límites y autoridad de los padres, que ese es otro asunto que veremos en otro artículo.

Hacerse valer y cuestionar incluso a alguien de quien aprende, le previene de aceptar indicaciones que van en contra de lo que es mejor para él, de abuso y bullying. Es un buen entrenamiento para la vida.

Es imposible no tener valores morales. Más vale tener unos valores que mejoren la calidad de vida de tu hijo y de los que lo rodean, ahorrandole sufrimiento innecesario.

Enséñales a cuestionar, y si no sabes cómo, e incluso tu te encuentras conflictuado(a), un psicoterapeuta puede ayudarte a desarrollar habilidades para mejorar la formación psicológica de tu hijo(a).