Ébola deja huérfanos a más de tres mil 800 niños congoleños

13 de Agosto de 2019
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Nueva York, 13 Ago (Notimex).- La epidemia de Ébola que afecta desde hace más de un año la República Democrática del Congo (RDC) ha dejado huérfanos o alejados de sus padres por los menos tres mil 800 niños, denunció hoy el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

En un comunicado, el organismo precisó que desde el inicio del brote del virus del Ébola hace más de un año ha registrado un total de mil 380 huérfanos, es decir, niños que han perdido a uno o ambos padres a causa de la enfermedad, principalmente en las provincias de Ituri y Kivu del Norte, las más afectadas.

Además, dos mil 469 niños han sido separados de sus padres o cuidadores adultos para ser sometido a pruebas de detección y/o tratamiento, o al ser aislados porque haber estado en contacto con algún paciente infectado con el virus, que de no tratarse a tiempo llega a ser letal.



"Esta enfermedad ha sido especialmente desgarradora para los niños", destacó Pierre Ferry, jefe de programas de protección infantil de UNICEF en la RDC, en la declaración oficial, publicada en la página Web de la agencia dependiente de las Naciones Unidas.




Ferry aseguró que muchos de los niños congoleños vieron a sus padres morir frente a ellos a causa de la enfermedad o son separados de sus seres queridos cuando son llevados a los centros de tratamiento de ébola, sin saber cuándo o si regresarán con vida.

“Muchos (niños) están luchando con el dolor y la ansiedad, mientras tienen que consolar y cuidar a los hermanos menores. Muchos enfrentan discriminación, estigmatización y aislamiento", subrayó el representante del Unicef, organismo encargado de identificar a los niños afectados.

Hasta la fecha, el organismo internacional ha capacitado a 906 asistentes psicosociales y psicólogos para brindar asistencia a niños huérfanos y separados y apoyarlos casi de inmediato en sus necesidades físicas, psicológicas y sociales.

"Viniendo de las comunidades afectadas, los trabajadores psicosociales se encuentran entre los actores más confiables en la respuesta", indicó Ferry, tras subrayar que su labor ha logrado reducir la discriminación dañina y la desinformación, además de impulsar la aceptación y el compromiso de la comunidad ante la epidemia.

Para los niños congoleños que son separados de sus padres, los equipos psicosociales brindan atención especializada, proporcionándoles alimentos, apoyo psicológico y asistencia.

Unicef administra tres guarderías junto a los centros de tratamiento del ébola en los puntos críticos de la epidemia, donde los sobrevivientes, que son inmunes a la enfermedad, cuidan y vigilan de cerca a los bebés y niños pequeños, hasta que sus padres o cuidadores completen el tratamiento.

Para los niños sin padres, las necesidades son a más largo plazo, por lo que los asistentes psicosociales trabajan en localizar a sus parientes o familias de crianza para entregárselos y no dejarlos en orfanatos o adandonados.

“No es una tarea fácil dada la carga económica de criar niños adicionales y el temor generalizado de contraer la enfermedad o estar asociado con ella. A menudo requiere una medicación delicada, así como apoyo financiero para alimentos, cuotas escolares y otras necesidades básicas”, indicó

La agencia que desde 1946 trabaja en defensa de la niñez destacó que todos los niños congoleños requieren asistencia psicosocial para mitigar los efectos debilitantes de la pérdida, el estigma y el aislamiento, razón por la cual busca ampliar los programas de protección infantil en las zonas afectadas por el mal.



"El número de niños huérfanos a causa del Ébola o que se quedaron sin acompañante está creciendo tan rápido como el brote en sí mismo", apuntó Edouard Beigbeder, representante de Unicef en la RDC, antes Zaire.




El brote actual es el décimo que la RDC ha sufrido y el peor desde su aparición en una parte remota del país en 1976, cuando la rara enfermedad fue controlada rápidamente con el aislamiento de pacientes, puestos en cuarentena.

El virus del Ébola, una enfermedad grave y aguda, que a menudo es mortal si no se trata, tiene una tasa promedio de letalidad de alrededor del 50 por ciento, y es transmisible por contacto con la sangre o los fluidos corporales de animales infectados (generalmente monos o murciélagos de la fruta).

Sus síntomas suelen comenzar entre los dos días y las tres semanas después de que el paciente contrajo el virus, con la presencia de fiebre, dolores musculares, de garganta y cabeza, después siguen náuseas, vómitos, y diarrea, junto con fallo hepático y renal, y final sufre complicaciones hemorrágicas.

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