Rodrigo Hernández interviene espacios en Sala de Arte Público Siqueiros

El artista pregunta: ¿Qué escucho cuando escucho el discurrir del tiempo?

Arte Público Siqueiros
El material visual de la exposición ¿Qué escucho cuando escucho el discurrir del tiempo? nace de la percepción del tiempo, afirma Michele Fiedler. Foto: Twitter.

México, 19 Jul (Notimex).- El material visual de la exposición ¿Qué escucho cuando escucho el discurrir del tiempo? nace de un concepto principal: la percepción del tiempo, no como una idea lineal como se aprende desde niños, o sea, una línea recta y progresiva, sino como una idea abstracta y colectiva del tiempo, afirma Michele Fiedler.

Entrevistada por Notimex en la Sala de Arte Público Siqueiros, la curadora de la muestra que ahí se expone explica que su creador, el mexicano Rodrigo Hernández, intervino dos murales: la fachada del recinto y el espacio conocido como El Cubo. “Son dos murales no figurativos en donde hay interacciones de plano, de espacio y de color”.

El trabajo que se exhibe es una comisión de la Sala de Arte Público Siqueiros, la cual trabaja con artistas contemporáneos. Esta obra toma formato de mural y se relaciona con el modo como es utilizado ese espacio, refiere Fiedler, en tanto, el artista señala que al mismo tiempo es un intento de mostrar una nueva perspectiva de la pintura mural actual.

Rodrigo Hernández (Ciudad de México, 1983) menciona que además de ofrecer una visión contemporánea, y por encontrarse en un espacio que preserva la memoria del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros (1896-1974), abre más posibilidades para que el público conozca corrientes muralistas de hoy.

“Físicamente, la obra requirió aproximadamente un mes, aunque es un proyecto que me ha ocupado varios meses si consideramos la labor desarrollada desde que me dieron la comisión, al comenzar a tener ideas, luego la planeación, hasta llegar al espacio físico”, expresa el artista, quien saca al concepto “tiempo” de la zona donde había estado siempre.

Por los colores predominantes (amarillo, azul y rojo), la primera impresión que ofrece al espectador es la de una obra alegre y risueña. “Por el colorido que tiene establece una relación con la celebración”, añade Fiedler, y Hernández abunda que “no es necesario ser hombre o mujer de arte para apreciar la obra; todos la pueden disfrutar”.

La curadora asegura, y el artista está de acuerdo, que lo ideal es que la obra de arte siempre se relacione con todo mundo, sin distingos de ninguna clase. “De una manera estricta, todo esto está sostenido por dinero de todos los ciudadanos, por lo que es bueno que vengan a ver qué se está haciendo con sus impuestos en materia de arte y cultura”, anota el autor.