Querido amor heteronormado I

16 de Junio de 2018
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Dicho hasta el cansancio, uno de los aspectos más complejos de entender de la violencia para jueces, magistrados, abogados, ministerios públicos, funcionarios de instituciones de atención a la mujer, mujeres y sociedad en general es comprender que una mujer dilate en denunciar violencia y cuando le preguntan la causa, ésta sea una respuesta relacionada con el amor.

No es solo la idea del amor romántico la que puede facilitarnos a entender esa “aura” de opresión que hay tras la violencia de pareja, ese sentimiento denominado “explotación amorosa” que maliciosamente puede ejercer una persona sobre otra sin importar si se trata de una relación de pareja o de madre-hijo, basada en la incondicionalidad y la confianza de quien ama.

No es necesario decirlo pero aquí lo abordaré: las feministas no odiamos a los hombres, hemos transitado entre las relaciones amorosas de la hija-padre amorosa a la de identificarlos como opresor violento al que se le teme, pero hemos construido una actitud contestataria frente a la violencia de responder con valentía y decirles que buscamos que el miedo cambie de bando.



Aun así, lo difícil es reconocer que las mujeres que viven violencia a veces terminan reconociendo que postergaron acciones contra sus parejas porque los aman. No puedo sino pensar en el título de aquella novela “Los hombres que no amaban a las mujeres”, o aquella de “Mujeres que amaban demasiado”, dos títulos que claramente hablan de dos posturas frente al amor y que sí, tiene que ver en cómo somos educadas para el amor y el cuidado, en tanto los varones socialmente construidos son educados para recibir amor y para recibir cuidados.




Pero esto ya lo sabemos y comentamos cotidianamente, lo afrontamos en espacios institucionales cuando defendemos derechos de las mujeres, en juicios, en diligencias ministeriales por violencia. Lo complejo desde la noción feminista es interiorizar esto en la relación de pareja con un hombre heterosexual heteronormado.

Por principio de cuentas no existen los deconstruidos en su totalidad, lo sabemos, partimos de que es falso incluso en aquellos que se presumen deconstruidos o “aliados feministas” bandera bajo la cual suelen obtener una confianza adicional que normalmente vienen a explotar en su provecho.

El tema llega a ser tan importante que entre feministas radicales o separatistas se promueven notas o comentarios como “date cuenta amiga”, o “la heterosexualidad es un riesgo para la vida de las mujeres”, y cosas por el estilo. Sin embargo, si todo fuera tan sencillo como solo establecer relaciones afectivas con otras mujeres, pues el mundo ya viviría en paz, y bien sabemos que esa no es ni será la solución.

En contraparte, observo parejas lesbianas y homosexuales que viven la misma violencia y la misma explotación amorosa que las relaciones heterosexuales, en las que prevalecen las mismas características del sometimiento, el control, la violencia simbólica y otras formas de opresión.

Y es entonces que volteo y veo a mi pareja heterosexual y heteronormada, sí, un hombre, el “enemigo” pero que es la persona que he elegido para compartir mi tiempo y mi vida, y que por vivir en este mundo y dependiendo de sus contextos sociales tendrá en mayor o menor medida, una escala de expresiones de ese sistema patriarcal en el que ambos transitamos.

Lo más sencillo a estas alturas, comentado entre feministas, después de decepciones de “aliados feministas” que violentaron de formas más sutiles -pero no menos agresivas-, pues es aprender a convivir con un compañero patriarcal pero no violento, bajo la consigna de “más vale patriarcal sincero que machista disfrazado de aliado feminista” a quien por cierto, más allá de toda teoría sobre el poder y la presión, me gustaría compartirle el mundo que habito para que empiece a mirar con mis ojos y mi lugar en el mundo.

Querido amor patriarcal, tengo algo que decirte, el mundo es hostil con nosotras las mujeres de formas tan graves y sutiles que aun cuando tú hayas aprendido a ser un hombre que procura el cuidado, afuera, lejos de ti, vivo cotidianamente graves riesgos que me hacen tener miedo y pensar muy bien antes de dar un paso fuera de casa, cuando no voy tomada de tu mano y tu brazo no pasa por mi hombro para decirles que tú estás a mi lado.

Como muchos hombres patriarcales que aprendieron que una mujer sola es vulnerable, pero una mujer que va de la mano de un hombre “tiene propietario”, está “ocupada” y en consecuencia estará menos expuesta a las violencias cotidianas... pero querido amor patriarcal... tengo algo que decirte... cuando tú no estás a mi lado, el mundo es bien distinto para mí...

* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche

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