Querétaro, 18 Dic 16.- El Centro Educativo y Cultural del Estado de Querétaro, CECEQ “Manuel Gómez Morín” celebró con éxito su primera MegaPosada con el propósito rescatar nuestra tradiciones culturales, además de haber logrado congregar a más mil ochocientas personas en un sano ambiente familiar en el que se pudo disfrutar de villancicos, pastorela, títeres, concierto estelar de la Banda de Música del Estado, sin dejar de lado, la alegoría de las piñatas tradicionales para todas las edades.

Los asistentes disfrutaron de las actividades destinadas a preservar una tradición que nos brinda identidad. Haber conocido por parte de quienes vivieron en su niñez lo que es una posada tradicional, se convirtió en una nueva experiencia compartida, pues disfrutamos de los cantos para pedir posada en el recorrido representativo del Misterio, coordinado por la Fundación México, Orgullo y Tradición.


Compartimos un espacio de rifas en el que se repartieron premios para todas las edades.

Por último, se abrió un espacio para oír y bailar al ritmo de la música de diversos géneros a través de un Dj.

Con este tipo de actividades se abre la oportunidad para que de manera incluyente, la sociedad disfrute al máximo los espacios públicos que han sido construidos con el fin de propiciar ambientes de sana convivencia en un ambiente familiar.

El Maestro Jorge Cervantes Acosta, Coordinador de Apoyos Institucionales en representación del Secretario de Educación, Licenciado José Alfredo Botello Montes, agradeció a los asistentes su presencia y reiteró el compromiso del Gobierno del Estado a detonar los espacios públicos al tiempo que deseó felices fiestas a todas las familias.

Durante el evento Grupo 1 Scauts de México entregó un reconocimiento público al Lic. José Vidal Uribe Concha por el apoyo brindado a lo largo de este año.

Por su parte, el CECEQ “Manuel Gómez Morín” hizo público el agradecimiento y reconocimiento al Maestro Aurelio Olvera Montaño y a la Banda del Estado de Querétaro por los conciertos ofrecidos durante los Domingos Familiares de este concluyente 2016.

HISTORIA DE LAS POSADAS
El origen de las posadas se remonta a los tiempos de la conquista, cuando los españoles llegaron a México, los aztecas creían que, durante el solsticio de invierno, el dios Quetzalcóatl (el sol viejo) bajaba a visitarlos. Cuarenta días antes de la fiesta, preparaban un esclavo en buenas y lo vestían como Quetzalcóatl.

Lo purificaban y salían bailando por la ciudad, para ser reconocido como un dios. Las mujeres y los niños le ofrecían ofrendas. En la noche, lo enjaulaban y lo alimentaban muy bien, para ser después sacrificado, venerando al dios con ritos y bailes.

Durante el mes de diciembre también celebraban las fiestas en honor a Huitzilopochtli que duraban veinte días, estaban precedidas por 4 días de ayuno y se coronaba al dios Huitzilopochtli poniendo banderas en los árboles frutales.

Esto es a lo que llamaban el “levantamiento de banderas”. En el gran templo ponían el estandarte del dios y le rendían culto.

El pueblo se congregaba en los patios de los templos, iluminados por enormes fogatas para esperar la llegada del solsticio de invierno.

El 24 de diciembre por la noche y al día siguiente, 25 de diciembre, había fiestas en todas las casas. Se ofrecía a los invitados una rica comida y unas estatuas pequeñas de pasta llamada “tzoatl”.

Los misioneros españoles que llegaron a México a finales del siglo XVI, aprovecharon estas costumbres religiosas para inculcar en los indígenas el espíritu evangélico y dieron a las fiestas aztecas un sentido cristianos, lo que serviría como preparación para recibir a Jesús en su corazón el día de Navidad.

En 1587 el superior del convento de San Agustín de Acolman, Fray Diego de Soria, obtuvo del Papa Sixto V, un permiso que autorizaba en la nueva España la celebración de unas Misas llamadas “de aguinaldos” del 16 al 24 de diciembre.

En estas Misas, se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad. Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos y posteriormente, la piñata.

En San Agustín de Acolman, con los misioneros agustinos, fue donde tuvieron origen las posadas.

Los misioneros convocaban al pueblo al atrio de las iglesias y conventos y ahí rezaban una novena, que se iniciaba con el rezo del Santo Rosario, acompañada de cantos y representaciones basadas en el Evangelio, como recordatorio de la espera del Niño y del peregrinar de José y María de Nazaret a Belén para empadronarse.

Las posadas se llevaban a cabo los nueve días previos a la Navidad, simbolizando los nueve meses de espera de María. Al terminar, los monjes repartían a los asistentes fruta y dulces como signo de las gracias que recibían aquellos que aceptaban la doctrina de Jesús.

Información proporcionada por el Lic. Reynaldo Mota Molina, Promotor Cultural e integrante de la Fundación México, Orgullo y Tradición.