Escándalo de Volkswagen a nivel mundial

México, 13 Oct (Notimex).- La compañía alemana Volkswagen se enredó en un verdadero escándalo desde inicios de septiembre pasado, cuando la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos reveló que había encontrado que la empresa automovilística hizo algo ilegal.

Volkswagen modificó mediante un programa de cómputo (software) sus motores que trabajan con diésel para que cumplieran con los estándares de emisiones de gases contaminantes impuestos por el gobierno estadunidense.

Desde ese primer momento se empezó a hablar de multas multimillonarias, lo cual provocó la renuncia del presidente y director general del Grupo Volkswagen, así como que las acciones de la empresa descendieran un 30 por ciento.

El origen de este escándalo se remonta al año 2008, cuando el Gobierno de los Estados Unidos limitó el número de partículas de óxido nitroso que podían emitir los motores de autos que se vendieran en dicho país.

Algunos fabricantes recurrieron a una tecnología de inyección de urea en el catalizador para eliminar gran parte de estas partículas.

Sin embargo, Volkswagen aseguró que con su tecnología llamada Clean Diesel (diésel limpio) no eran necesarias este tipo de soluciones y que cumplirían perfectamente con las regulaciones.

Y así fue, durante las pruebas de la EPA los productos de Volkswagen cumplieron con los requerimientos en materia de emisiones y además se burlaron de todos sus competidores.

Cinco años más tarde, en 2013, el organismo llamado International Council on Clean Transportation (Consejo Internacional de Tránsito Anticontaminante) decidió iniciar una investigación en conjunto con la Universidad de Virginia del Oeste, sin dolo ni mala fe.

Ésto con el fin de evaluar la viabilidad del diésel como una verdadera fuente de energía con menos contaminantes.

El estudio tomó un Volkswagen Jetta 2012, un Passat 2013 y un BMW X5, todos con motor diésel y los sometieron a pruebas en condiciones reales y de laboratorio, y encontraron diferencias abismales entre ambas pruebas en los productos de la marca de Wolfsburg, ciudad alemana donde se fundó la fábrica original de los vehículos Volkswagen.

Mientras que el BMW cumplió perfectamente con los estándares en las dos pruebas, el Jetta excedía entre 15 y 35 veces el nivel de óxido nitroso emitido en las pruebas de conducción real, mientras que el Passat entre cinco y 20 veces.

El organismo y la Universidad entonces compartieron sus hallazgos con la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección del Ambiente) y la California Air Resources Board (Junta de Recursos Ambientales de California, CARB), y juntos enfrentaron a Volkswagen en el año 2014.

Por supuesto la marca alemana refutó y dijo que las pruebas tenían varios problemas técnicos, pero accedieron voluntariamente a hacer un llamado a revisión de casi 500 mil unidades en diciembre de 2014 para implementar un software que resolvería el problema.

Esto no sucedió, así que la CARB y la EPA siguieron haciendo exámenes para encontrar la razón por la cual durante las pruebas de laboratorio los autos de Volkswagen sí cumplían con los estándares, pero en las pruebas dinámicas no, lo cual los llevó a investigar más a fondo.

El gran hallazgo de la EPA fue un switch llamado Defeat Device (dispositivo modificador), un programa que monitorea la posición del volante, la velocidad del vehículo, por cuánto tiempo ha estado encendido el motor y la presión barométrica.

Todo ello para determinar si el vehículo se está usando en condiciones normales o de prueba, modificando entonces el comportamiento del motor, para así emitir menos gases contaminantes si se trata de una prueba.

Esto no sólo comprobaba la “trampa” sino que Volkswagen también estaba consciente de ello y lo ocultó por siete años, mientras vendía casi medio millón de vehículos que han sido catalogados como ilegales en Estados Unidos.

El 3 de septiembre pasado la EPA y la CARB confrontaron a Volkswagen con evidencias claras del software, lo que provocó que la marca alemana lo reconociera finalmente.

El viernes 18 de septiembre lo hicieron público y se anunció que Grupo Volkswagen podría ser condenado a pagar una multa de hasta $37 mil 500 dólares por vehículo vendido, o sea más de 18 mil millones de dólares.

Las consecuencias se hicieron presentes: Al abrir los mercados el lunes siguiente, las acciones de Volkswagen se desplomaron más del 20 por ciento; Martin Winterkorn, presidente y director general de la empresa se disculpó por haber roto la confianza de sus clientes y el público.

Al día siguiente las acciones de la marca se desplomaron otro 20 por ciento y se anunció que el llamado “Defeat Device” podía estar presente en más de 11 millones de unidades, pero que la compañía ya tenía apartado un fondo de seis mil 500 millones de euros para remediar el problema en sus autos.

El 23 de septiembre de 2015 Martin Winterkorn renunció a su puesto y afirmó que Volkswagen necesita empezar desde cero y con una nueva cara al frente de la empresa. El encargado será Matthias Müller, quien se ha desempeñado hasta ahora como delegado de la marca Porsche dentro del Grupo Volkswagen.

Los cálculos indican que nada más los 482 mil autos vendidos en Estados Unidos que no deberían haberse comercializado por sus emisiones contaminantes, han expulsado entre 10 mil 392 y 41 mil 571 toneladas de óxido nitroso al ambiente, en lugar de un mil 39 toneladas, como debería haber sucedido bajo los estándares de la EPA.

En Inglaterra, el diario The Guardian ya habla de más de 948 mil 691 toneladas de óxido nitroso expulsados por los más de 11 millones de vehículos afectados.

Esto es la misma cantidad de contaminantes que han expulsado todas las plantas de poder, todos los vehículos, las industrias y agricultura del Reino Unido combinados cada año.

Han seguido los despidos en las grandes esferas del grupo: Michael Horn, cabeza del grupo en Estados Unidos, Ulrich Hackenberg, quien supervisaba el desarrollo e investigación de Audi, y Wolfgang Hatz, encargado de desarrollo e investigación en Porsche.

El Congreso de Estados Unidos ha exigido responsabilidades penales a Volkswagen y sus directivos por haber falseado de manera intencionada las emisiones de sus coches diésel.

Michael Horn no tuvo más remedio que confesar ante los legisladores que conocía el problema desde hacía año y medio. Además, anunció que la compañía retira la solicitud para el certificado de los modelos 2016.

Los legisladores en el Comité de Energía y Comercio en la Cámara de Representantes no tuvieron compasión con Horn.

El congresista por Nueva Jersey, Frank Pallone, fue rotundo al decir que el castigo a la empresa alemana debe ser severo y espera que se exijan responsabilidades penales contra los individuos, sin limitarse a sancionar al grupo.

“Alguien deberá ir a la cárcel”, disparó. Es la única manera, dijo el demócrata, de “acabar con esta cultura de negligencia” en la industria. Uno tras otro, los legisladores pusieron en evidencia que este engaño fue “claramente intencionado”.

Los clientes de Volkswagen, señaló el republicano Tim Murphy, presidente del comité, compraron estos modelos anunciados bajo el emblema de “diésel limpio” porque pensaban que cumplían los límites de emisiones sin que eso afectara a su rendimiento ni a su eficiencia.

“Todo esto está en el aire”, lamentó la republicana Marsha Blackburn. “Mi primer coche fue un Beetle. Confié en este coche para que me transportara”, relató Murphy al inicio de la sesión, “hasta el pasado septiembre”.

La demócrata Diane DeGette contó también que heredó de su abuela uno del año 1960. Ambos denunciaron que este caso representa una clara “violación de la confianza pública”.

Por eso exigieron que sean revelados los nombres de los responsables. Horn afirmó que se les identificará cuando concluya la investigación interna.

Fred Upton dejó claro que esta investigación en el Congreso es “sólo el comienzo” y que se la toma muy personal porque considera que “Volkswagen ha traicionado a toda la nación”.

Por eso apoya que se emprendan acciones criminales contra los responsables. “Es el momento de limpiar ésto o de abandonar la carretera”.

David McKinley también pidió “tolerancia cero” ante este tipo de mentiras. El Departamento de Justicia tiene un expediente en curso.

Volkswagen tiene que remediar el daño ecológico, probablemente con dinero en las multas.

Después tendrá que arreglar los autos que ya circulan en los caminos del mundo para disminuir las emisiones contaminantes, y lo puede hacer mediante el software –que sería lo más “barato”-, o recurrir a la tecnología de urea en el catalizador para lograrlo.

Esto último trae complicaciones tanto monetarias como de tecnología y espacio, pues esta tecnología necesita un pequeño tanque que se tiene que rellenar constantemente para que funcione ¿Dónde van a poner dicho tanque? Las modificaciones mecánicas serían monumentales.

Finalmente está el tema legal, pues el gobierno norteamericano ya abrió un juicio penal en contra de la empresa, que finalmente cometió un delito al vender estas unidades que no cumplen con las reglamentaciones del país.

¿Qué pasará en ese sentido? ¿Quiénes se harán responsables? En unos meses lo sabremos.