México, 20 Feb 15 (Notimex).- El periodismo es para informar pero también para divertir. O para informar divirtiendo. O para divertir informando.

Eso lo logró el etnólogo, escritor, antropólogo, historiador, y sobre todo editor mexicano Fernando Benítez (1912-2000) en todas sus empresas periodísticas, especialmente en el suplemento “México en la Cultura”.

Tal es la opinión que vertió el académico de la lengua, catedrático, diplomático, abogado, escritor, poeta, actor y periodista Hugo Gutiérrez Vega (1934), para añadir, que Benítez siempre fue un personaje absolutamente antisolemne, en el mejor sentido de la palabra, “porque se divertía mucho, y por eso, podía divertir a los demás”.

Lo anterior, durante una entrevista con Notimex en el marco de la tertulia-presentación del libro “México en la Cultura (1949-1961)”, de Víctor Manuel Camposeco, el cual se inscribe y viene a nutrir la colección “Periodismo Cultural” de la Dirección General de Publicaciones (DGP), del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

La XXXVI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM) cobijo ese acto, antes del cual, Gutiérrez Vega anotó que esta entrega significa, dentro de la historia del periodismo cultural del país, “un homenaje a quien fue y sigue siendo de alguna manera misteriosa, nuestro maestro en materia de periodismo cultural, Don Fernando Benítez”.

Para llegar a ese punto, sin embargo, el entrevistado habló de otro periodista cultural muy influyente en su tiempo, Ramón Gómez de la Serna Puig (1888-1963), “quien nos enseñó mucho sobre la forma de escribir reseñas de libros, de películas como lo hacía aquí Xavier Villaurrutia, y crónicas de conciertos y otras actividades más”.

Gómez de la Serna hacía una recomendación: El periodismo cultural debe ser ameno. Los análisis artísticos o culturales y los estudios culturales en revistas académicas, no tienen por qué ser amenas y pueden ser a veces espesas y difíciles, puesto que van dirigidas a un público perfectamente bien localizado, o sea, a los académicos que estudian esos temas.

Mientras, añadió Gutiérrez Vega evocando a De la Serna, el periodismo cultural abre las puertas a todo el público y para ello requiere de amenidad y de una cosa fundamental: La brevedad. De la Serna decía que lo importante se puede decir en 15 líneas. Una noticia se lee en las primeras siete líneas, después vienen vueltas y revueltas sobre el mismo tema.

“El periodista De la Serna hablaba en torno al tema de la objetividad y siempre insistió en que el periodismo, y el buen periodista, debe ser objetivo pero debo confesar que eso, a mí, me parece una empresa imposible, porque la objetividad es algo muy fuerte”.

Sobre el libro, el entrevistado aseguró que es un volumen “que realmente me entusiasma mucho, porque al igual que toda la colección, que ha recogido momentos importantes del periodismo cultural mexicano, nos ayuda, si no a definir, sí a aproximarnos a las características del periodismo cultural, que como género tiene su lugar muy cercano a las artes”, dijo.

Esta colección, añadió convencido el decano de los periodistas culturales de México, “ha venido a llenar un vacío muy importante en la materia, porque el periodismo cultural se leía, se comentaba, pero no se habían hecho estudios serios sobre sus características, no para dar lecciones, sino simplemente, para abundar con inteligencia y ética en el tema”.

Tras lo anterior, el maestro subió al estrado de la Galería de Rectores del Palacio de Minería para hablar del libro que toca a “México en la Cultura”, uno de los suplementos más importantes del siglo XX y que reúne nuevamente a Benítez, fundador y director, con personajes relevantes de la cultura nacional que incursionaron en el periodismo.

En la recapitulación histórica se da cuenta de cómo cada semana “México en la Cultura” aparecía inserto en el periódico “Novedades”, con textos de Alfonso Reyes, Octavio Paz y promesas que el tiempo confirmaría, como José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Carlos Valdés, Emmanuel Carballo, Salvador Reyes Nevárez, y otros más.

El suplemento entró en la década de 1950 como un núcleo de la inteligencia más brillante entre los intelectuales mexicanos. Un tanto en broma, un tanto en serio, se decían los mejores, y por encima de todas las cosas privilegiaban el talento, escribió en el prólogo el periodista y editor Federico Campbell (1941-2014).

“´México en la cultura´ giró en torno a la figura intelectual de Benítez, un buscador y descubridor de talentos, quien siempre incluyó en el concepto de cultura el quehacer histórico social, las relaciones de poder, la política, el arte y el conocimiento científico como la mayor y más sublime realización de los seres humanos”, escribió Campbell.