México, 11 Ago. (Notimex).- Espero no haber sido tan pedante ni arrogante al escribir “El hombre nacido en Danzig”, novela que pretende conquistar al buen lector que no necesariamente debe tener conocimientos de filosofía por el hecho de que cito a varios filósofos capitales y los invita a charlar conmigo, tampoco debe ser experto en el tema basquetbol porque el simple hecho de que en la trama hay un jugador de ese deporte.

Así lo explicó hoy Guillermo Fadanelli al hablar sobre ese su nuevo libro para el lector perspicaz, paciente y curioso, quien si llegar a la última página encontrará un final que le sorprenderá.

“Sin embargo, no soy tan vanidoso para pensar que los lectores van a leerlo todo; pueden leer capítulos intermedios que parece prometer una historia que no tiene lugar. Lo importante es la voz, sentido del humor y temperamento del autor”, expresó.

Entrevistado por Notimex en ocasión del lanzamiento de esta nueva entrega, Fadanelli destacó que siempre, toda novela tiene un proceso creativo diferente.

“En ocasiones es consecuencia de un plan premeditado y de un pensar, y a veces, puede ser meramente consecuencia del azar”, dijo, y añadió que esta novela en particular se fue haciendo en el camino, que poco a poco fue tomando su ruta, como si tuviera vida y sentir propios.

“Me parece más sabio irla construyendo cada novela sobre el transcurrir del tiempo, porque al principio uno tiene planes, pero éstos van cambiando en el camino. El autor podría creer que tiene la capacidad de decidir el camino del texto, pero en realidad, al concluir la escritura uno descubre que termina parado en el lado contrario”, informó el escritor, quien generalmente tarda entre cuatro y cinco años para hacer una novela.

“No tengo prisa por publicar, porque me interesa que la novela quede bien plantada, que tenga voz y personalidad, sin que no necesariamente sea coherente. A veces mis novelas son una suma de accidentes: comienzo a escribirlas con pasión y energía, a veces las abandono y luego vuelvo a ellas. Siempre son recuerdos, acontecimientos cotidianos los que determinan el rumbo que han de seguir mis novelas”, subrayó.

Mencionó el entrevistado que se considera mejor lector que escritor, pues le gusta más leer que escribir.

“Las buenas lecturas despiertan la imaginación de las personas. La imaginación es como un cuerpo que debe ser ejercitado, por eso soy un gran paseante, camino mucho ya que el caminar es sinónimo de pensar, reflexionar y ser un mirón. Y al mismo tiempo, leo bastante para que mi imaginación se ejercite adecuadamente”

Para cada novela no tiene un orden ni un plan premeditado. “Esta es una novela que tiene qué ver con los celos, con el hombre que es incapaz de apropiarse por completo de la mujer que ama, con la mujer como un misterio, y con el hombre como el ser que da vueltas alrededor de ella e intenta comprender, pero nunca puede hacerlo del todo”, dejó ver el autor de la novela que será presentada en algunas ferias del libro del país.

También se le ocurrió introducir en el texto una parte de su propia vida sin que sea una biografía. Parte de su vida en la que jugó basquetbol, durante su juventud a lo largo de siete u ocho años.

“Era yo un joven entusiasta, un tanto inadaptado, pues durante las giras deportivas me apartaba del equipo”, dijo, y añadió que fue “un jugador mediocre, pero esforzado; tenía un mal tiro de media distancia, pero un salto fuera de lo común”, compartió.

La vida te va llevando a cada individuo por diversos caminos y uno de ellos, el que más placer le ha causado al entrevistado, es el de la literatura. “Cuando recordamos el pasado, no recordamos hechos concretos ni recordamos algo verdadero, sino que desde el presente construimos un mito de lo que fuimos. Ese jugador de basquetbol que yo fui, a final de cuentas es literario e imaginario, pese a que en realidad sí jugué”.

Nunca sabemos exactamente quienes fuimos, aseguró Fadanelli:

“Eso es algo que en la literaturas se vuelve un tema cada vez más interesante, es entrometerse en el pasado como si nos entrometiéramos en la casa de un extraño. Somos siempre extraños, y si veo al joven que fui, veo a un joven extravagante, quizá demasiado alejado de lo que soy ahora, quien tuvo la irresponsabilidad de tomar decisiones en mí nombre”, concluyó.