Cimacnoticias | México, 26 julio 14.- Decenas de mujeres ejidatarias de todas las entidades del país temen que las leyes secundarias en materia energética las despojen de las tierras que con mucho esfuerzo mantienen y lograron obtener.

Miles de trabajadoras y trabajadores del campo provenientes de todos los estados protestaron en la capital del país contra la Ley de Hidrocaburos, una de las normas secundarias de la reforma energética que cambia la figura de “expropiación” por “ocupación temporal” de las tierras.

La ley aprobada ya por la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados contempla que empresas privadas nacionales y extranjeras exploten el subsuelo, con el argumento de que las tierras se regresarán a sus dueñas y dueños campesinos.

Muchas de las personas que se manifestaron ayer eran mujeres trabajadoras del campo, algunas de ellas dueñas de las tierras que trabajan, quienes además están a cargo del sustento de su hogar y dan empleo hasta a 150 personas por ejido.

Alba Cristina Cob Cortés, secretaria general de la Central Campesina Cardenista (CCC) del estado de Yucatán y dueña de su propio ejido, relató en entrevista que heredó de su padre la tierra de la que vive, aunque en un principio su padre se la había dejado a uno de sus seis hermanos varones.

Sin embargo, el gusto de Alba por el campo la llevó a estudiar biología y a colaborar con la CCC para mejorar las condiciones de las y los trabajadores del campo, hecho por el que su padre le heredó la tierra.

Otra ejidataria es María Luisa, proveniente del estado de Michoacán, quien tiene el control de la tierra que cosecha, pero no la propiedad legal, ya que desde hace cuatro años de que su esposo emigró a Estados Unidos ella se quedó a cargo del ejido.

Aunque María Luisa domina las actividades del campo porque desde su infancia trabajó en él y está acostumbrada a las actividades administrativas del negocio, teme que ante la inminencia de una expropiación no cuente con los recursos legales para defender el patrimonio con el que alimenta a una familia de seis integrantes.

Como Alba y María Cristina, decenas de ejidatarias que marcharon la víspera obtuvieron su tierra por trabajarla durante toda su vida o porque lograron los ahorros suficientes para comprarla; sin embargo, durante el proceso de adquisición se enfrentaron al machismo predominante de sus familias y al rechazo de otros ejidatarios y organizaciones campesinas sólo por el hecho de ser mujeres.

Ahora que lograron mantener sus tierras pese a las adversidades, temen que los dueños de empresas privadas exploten sus terrenos y se lleven sus ganancias, mismas que ya encarecieron por los bajos pagos de los compradores y por la falta de apoyos gubernamentales para impulsar la agricultura y otras actividades relacionadas con el campo.

Gisela Mota Ocampo, diputada federal por el PRD y presidenta de la Comisión de la Reforma Agraria en la Cámara baja, detalló en entrevista que las mujeres enfrentan muchos obstáculos para ser dueñas de las tierras, pero que aún así lo logran porque son ellas quienes tienen que proveer el sustento básico a sus hijas e hijos porque muchas veces sus parejas emigraron.

Debido a esto –explicó– esa comisión legislativa presentó en 2010 diversos puntos de acuerdo para eliminar las barreras que les impiden heredar una tierra por ser mujeres o realizar trámites administrativos para adquirirlas, además de impulsar programas de apoyo para ellas, aunque tales iniciativas se mantienen “congeladas” en el Senado, criticó Mota Ocampo.

TRABAJADORAS DEL CAMPO
Durante la manifestación hubo más trabajadoras del campo que ejidatarias; cientos de mujeres que además de llevar a cabo las tareas del hogar apoyan a la economía familiar laborando en el campo en tierras que no son suyas.

Ellas lamentaron la desigualdad de género que padecen en cuanto al reconocimiento de su trabajo, ya que mientras los varones reciben una paga de 150 pesos por una jornada de ocho horas, las mujeres reciben 100 pesos y a veces hasta tienen que trabajar más tiempo.

Lo anterior porque persiste la creencia de que ellas no pueden realizar las mismas actividades que los varones (como usar un machete o levantar bultos), y por tanto son “inútiles” en el campo.

Por estas situaciones, las ejidatarias y las trabajadoras demandaron una reforma agraria que considere y visibilice sus problemáticas, y que las leyes que se discuten en la Cámara de Diputados deriven en oportunidades y reconocimiento de las labores del campo, y no en obstáculos para que ellas puedan desarrollarse en ese ámbito.

Por: Angélica Jocelyn Soto Espinosa