El “bullying” y la violencia de género en Sonora

El video de una pelea entre un niño y una niña de sexto año, tomado con el celular de otro alumno, lleva millones de vistas en YouTube.

El niño que ahorca hasta dejar inconsciente a su compañera de clases, en la escuela primaria José María Morelos, de la colonia Palo Verde, de Hermosillo, ya es famoso.

El mecanismo institucional que se movió para atender el caso que ha causado conmoción en diversos puntos del país y fuera de él, se echó a andar presionado por la difusión del material de video que pronto fue compartido a través de las redes sociales, y de los medios de comunicación locales y nacionales, hasta convertirse en uno de los más vistos y comentados.

El grupo de estudiantes estaba sin la presencia de ningún adulto responsable y permaneció así por lo menos los siete minutos que dura el video en el que ambos alumnos se golpean, los demás actúan como público en una arena de box, pleito en el que incluso hay un “receso” en el que el niño agresor sale a tomar agua y a lavarse la cara, mientras otro lo apoya e instiga a que se devuelva a rematar a la niña, pues “él es el hombre y eso no se puede quedar así”.

El acto, encuadrado por funcionarios y medios de comunicación como “bullying”, no es el primer caso de violencia escolar contra niñas que se presenta en el estado de Sonora.

El 1 de junio de 2012, la niña Perla Viviana Hernández Valenzuela, de 10 años de edad, residente del municipio de Navojoa, al sur del estado, murió según el primer parte médico por edema cerebral por traumatismo craneoencefálico días después de haber recibido una agresión de un compañero de escuela.

La abuela y la tía denunciaron los hechos, para finalmente verse desprestigiadas como inventoras de la historia, pues la autopsia llegó, antes que a sus manos, al jefe de Servicios Regionales de la Secretaría de Educación y Cultura, Ramón López López, quien informó que la pequeña había fallecido por “desnutrición severa”, a pesar de que varios estudiantes atestiguaron la agresión, y confirmaron que ese niño la molestaba desde antes.

En el caso de la niña de la primaria Morelos, de Hermosillo, la primera reacción de los responsables escolares fue instruir al estudiante que publicó el video, que lo quitara de la red. Sin embargo, ya éste había sido retomado, multiplicando su ubicación en diversas cuentas de YouTube.

Fue así que un caso más de violencia se etiqueta como de “bullying” sin que las autoridades expliquen cuál es el protocolo para atender y sobre todo prevenir este tipo de violencia. Esto trajo como consecuencia varios actos y omisiones muy lamentables.

Una de ellas, la del subsecretario de Educación Básica en el estado, Gerardo Gaytán Fox, quien declaró que “tenemos el primer lugar nacional en aprovechamiento, por lo que no vamos a permitir que este tipo de situaciones manchen la imagen del estado”.

No le importó la salud de la niña, no mencionó qué es lo que están haciendo para prevenir estos eventos, sino que privilegió la imagen del estado.

Por su parte, el secretario de Educación estatal, Jorge Luis Ibarra Mendívil, dijo que era un caso aislado y que todo se debió a que el niño agresor tiene deficiencias de aprendizaje, que está medicado, y que fue manipulado por otro estudiante, quien es hijo de un policía y fue quien dirigió toda la situación.

La única medida que se ha tomado hasta el momento es suspender por cinco días al estudiante que grabó y publicó el video.

Toda la forma de atender y responder a una crisis tan grave por el significado que tiene al ser un reflejo de la vida social que ocurre alrededor de estas niñas y niños que al final de cuentas están reproduciendo lo que han aprendido, evidencia una vez más el desconocimiento y desacato al aplicar las leyes al respecto.

Los estudiantes han declarado que la niña era víctima de acoso escolar por ser procedente del estado de Jalisco y tener otro acento, así como por ser de piel morena. Esto refuerza el “orgullo sonorense” promovido por administraciones pasadas y presentes.

“En Sonora tenemos los hombres más machos y las mujeres más bellas”, ha llegado a expresar el gobernador Guillermo Padrés.

Ciertamente la discriminación por acento o color de piel es “bullying”, pero el ahorcamiento contra la niña “porque él es el hombre y eso no se puede quedar así”, habla de una enorme falla de las autoridades en el apropiamiento de la ley y los instrumentos internacionales de donde emanan las normas que obligan al Estado a garantizar una vida libre de violencia para las mujeres y niñas.

Las agresiones de niños contra niñas por ser mujeres, se presentan día a día sin ser atendidas con el debido enfoque.

El Sistema Estatal de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres es un fantasma. Su objetivo de conjuntar esfuerzos, instrumentos, políticas, servicios y acciones interinstitucionales para la prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres es un espejismo producto de la utopía del movimiento de mujeres.

Lo que parecería un “problema” de la Secretaría de Educación, involucra a muchas más instituciones, primordialmente al Instituto Sonorense de la Mujer (ISM), el cual ha incumplido su función de Secretaría Ejecutiva del Sistema Estatal, como no sea de nombre. No ha organizado el Banco estatal de datos e información sobre casos de violencia contra las mujeres, entre otras funciones no ejecutadas.

Las omisiones atraviesan a la Secretaría de Desarrollo Social, a la Secretaría Ejecutiva de Seguridad Pública, a la Procuraduría General de Justicia del estado, a la Secretaría de Educación y Cultura, a la Secretaría de Salud, al DIF estatal, y a los organismos o instancias de la Mujer municipales, todos integrantes del Sistema Estatal.

Hasta ahora, no han dado a conocer cuál es el protocolo para enfrentar en lo futuro estos casos, mucho menos para prevenirlos. Nadie ha hecho lo que le corresponde, mucho menos vemos un mecanismo coordinado.

El caso de la colonia Palo Verde lo evidencia, pues ni siquiera lo identifican como violencia física extrema, en las modalidades escolar y comunitaria, como lo describe la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. La agresión no se instaló en la “carrilla”, sino en un intento de homicidio, aún si afortunadamente no concluyó en ello.

El tratamiento que se ha dado a los 20 casos de feminicidio perpetrados en lo que va de 2013, en los que están incluidas niñas asesinadas por hombres conocidos, y estos casos de violencia de género contra las niñas disfrazada de “bullying” por las autoridades enciende una alarma.

Aunado a la incompetencia para enfrentarlos, reúnen elementos suficientes para decretar la Alerta de Violencia de Género (AVG) en Sonora, figura que seguramente desconocen.