Comision Estatal de Informacion Gubernamental
 
197 Lectores en linea Redes Sociales
MI CUENTA
Usuario:

Clave:

Recordarme?



· Registro de Usuario
· Clave Perdida
 
LA ENCUESTA
Confía usted su seguridad a la Policía en Querétaro?

SI
NO

    
 
FOROS DE OPINION
 
MERCADOS AL DIA
 Mercado de Divisas
Dólar Compra $12.89
Dólar Venta $13.29
Euro Compra $19.42
Euro Venta $19.73
 Indices Financieros
IPC (BMV) 30,760
CETES 4.52
UDI 3.717914
TIES 4.92
 
CHICA DE LA SEMANA
 
DE INTERES


 
CONTENIDO RSS
 
 

Actualizado viernes 12 de marzo de 2010, 10:42:58 PM (EST), San Juan del Rio, Querétaro, México

Opinión

Esos muertos no juegan futbol


Por: Alejandro Páez Varela
EL UNIVERSAL



martes 2 de febrero de 2010, actualizado

La primera vez que vi cuerpos sin vida tenía siete años. El padre de un amigo rentaba una gran bodega a la Escuela de Medicina, y los estudiantes hacían prácticas con cadáveres que nadie reclama. No olvido el olor a formol, el blanco de la cal, una pila de zapatos y la luz neón que nunca es suficiente (los muertos son hoyos negros).

Nos asomábamos por una ventana sin vidrios y veíamos un tendido de gente sobre las mesas de cemento, o flotando en las piletas. Me daba una tristeza que no compartía por temor a la burla, y por eso me escondí el día en que planeamos robarnos un hueso. Nadie se robó un hueso, qué bueno; todos nos escondimos. Éramos unos chamacos, teníamos ganas de aventura, pero sentíamos una misma compasión frente a los cuerpos tatuados, maltrechos, flacos y greñudos. Abandonados. 

Después fui reportero policiaco. Sucedió hace poco menos de 25 años. Confieso que era muy complicado para mí, tan jovencillo, escribir en tercera persona. Quería decir lo que sentía frente al luto humano, pero me habrían corrido de ese periódico de la tarde. Me discipliné. Guardo historias desde entonces; kilos de memoria dedicada a los rostros de los cholitos llorando a sus hermanos, de madres devastadas, de abuelos inconsolables. Y perdone quien me lee: un reportero policiaco en casi cualquier ciudad del mundo no recoge lirios ni cultiva girasoles; no habla de cosas lindas. Los más viejos terminan con la piel de un acorazado. Para mi fortuna, salí de esa especialidad antes de convertirme en nuez cimarrona. 

¿Habrá un momento en la vida en la que la muerte deja de ser importante? Digo, más allá de aquellos con oficios duros, como los sepultureros o los que agentes funerarios (y por supuesto no cuento a los dementes que sirven a cárteles o a policías o a no sé quiénes). Reformulo la pregunta: ¿Habrá un momento en el que los muertos dejan de provocar lástima, compasión, tristeza, abandono? Pensemos en Ciudad Juárez, donde van cinco mil muertos por la guerra. Las imágenes que vemos son de madres y padres convulsionándose. Esas matanzas de adolescentes, qué barbaridad. Cuánta tristeza, cuánto luto. ¿Es posible que frente a la muerte podamos quedar impávidos? 

Sí, soy de Ciudad Juárez; disculpe usted si me duele lo que sucede. Sí, he denunciado en público que en mis calles corren ríos de sangre inocente. Disculpe que no me lo guarde. Comparto créditos en el libro La guerra por Juárez (Planeta, 2009) con un grupo de periodistas serios de medios serios (de EL UNIVERSAL, Día Siete, Proceso, Reforma y El Diario) y desde allí intenté, intentamos decirle al país que hay una ciudad sometida a la miseria humana. He exigido, junto con mis otros compañeros, justicia para Armando Rodríguez, El Choco, a quien mataron por escribir la verdad. Sí, disculpe, soy un quejoso; aunque me gusta más llamarme doliente. 

Me había prometido no escribir sobre estos temas en KIOSKO. No lo hago como denuncia, sin embargo; lo hago para mostrarme cuan soy: me duele lo que se sufre allá, y sobre todo lamento que no seamos una mano para esos mexicanos que resbalan en el infierno. Una barca llena de ciudadanos navegaba sobre un río de lava desde hace años (y no por voluntad propia). Ahora la voltearon y arde. 

Mientras esos civiles se queman en vida, los demás caminamos por la orilla en una morbosa contemplación que se transforma en complicidad. Qué quieren que haga. Así lo siento. No puedo ocultarlo. No tiro manotazos al aire sin ton ni son, ni quiero agradar o denostar a nadie. Simplemente hago lo único que he hecho desde los 16 años: escribirlo, ahora en primera persona. 

Mi vida se ha sacudido a partir de los últimos eventos. No poco; mucho. Los cuerpos apilados deberían conmover a cualquiera —soy yo, de siete años, viendo el anfiteatro—, como se conmueven esos que deben cerrarles los ojos, levantarlos, bañarlos, vestirlos, sepultarlos, despedirlos y aguantar que su memoria sea también apilada en listas de "narco-ejecutados". Qué, ¿suena feo? Sí. Suena como es. Y qué patético ver el drama desde lejos con el ánimo del analista político. Que quién ganará con el resultado de esta guerra. Que si el éxito o la derrota de unos y de otros, como si esos miles de muertos merecieran ser una estadística más, como si la tragedia sólo pudiera inspirar un resultado de juego. Qué idiotez. No: qué frivolidad. Y la frivolidad es la blasfemia de los laicos: el tiempo se encarga de perseguirla y condenarla. Eso no se perdona. Ya verán. 

Miles de Salvadores Cabañas mueren en mi ciudad y nadie les da cobertura en vivo y a todo color. Miles que no juegan futbol ni hablan guaraní (con todo respeto para las tribulaciones ajenas). Qué país, Dios, ciego por sus vicios. Qué frívolos nos vemos en el análisis barato, frente a la oportunidad del espectáculo. 

Disculpe que haga esta pausa para volverme a quejar. Es mi responsabilidad frente a esos miles de mexicanos que no juegan futbol profesional y que seguramente tampoco lo ven. Mucho menos lo observan con ojos de cronista deportivo o analista político. Disculpe usted que haga esta pausa de doliente. Ya volveré con otros temas. 


Diario Rotativo de Querétaro


Tu Opinión : Participa en Nuestros Nuevos Foros de Discusión

No hay comentarios para este articulo. Sea el primero en comentarlo.

 
Tamaño de Texto
 
Artículos Relacionados:

No hay artículos relacionados.

Más en Opinión:

Los pecados del padre Maciel
Sin ética, sin referencias, sin acuerdos
Maciel: el pecado y el delito
Incumplimiento y limitación: los costos
La ruta de la reforma política
Violencia en el noviazgo en México
Retos del cáncer cérvico-uterino
Algo más que palabras
Atraso ideológico
Fracaso de la política migratoria mexicana
 



 
 
Inicio  |  Opinión  |  Región  |  México  |  Internacional  |  Economía  |  Deportes  |  Espectáculos  |  Ciencia  |  Estilos  |  Sociales  |  Foro de Discusión
Contacto      |      Publicidad      |      Periodistas Ciudadanos      |      Política de Privacidad      |      Términos y Condiciones         
     © Diario Rotativo de Querétaro, San Juan del Rio, Querétaro, México