Con esos enunciados, los periódicos, telenoticiarios y radioperiódicos informaban a la población el cambio de autoridades en el máximo cuerpo de seguridad de este país centroamericano, dirigido hasta ahora por hombres.
Los medios de comunicación retroalimentaron la convicción de la sociedad guatemalteca de que las mujeres no tienen la capacidad de dirigir un cuerpo de seguridad conformado por 21.000 hombres, señala Hilda Morales, del Grupo Guatemalteco de Mujeres.
"Pero si hubiera sido un hombre, seguramente titulan con su nombre y apellido", destaca Morales.
Se trata de Marlene Blanco, una Comisaria General con 22 años de experiencia en la institución de seguridad y que ahora, junto con la directora de la Policía de Nicaragua, Aminta Granera, se convierte en la segunda centroamericana que enfrentará, dentro de un organismo donde predomina el machismo, el reto de combatir la corrupción y el crimen organizado.
Blanco conoce bien la Policía Nacional Civil. Fue jefa de personal de la Dirección de Investigación Criminal, ha trabajado en el Comando Antisecuestros, fundó la Oficina de Atención a la Víctima y laboró como subdirectora de la Unidad de Prevención del Delito.
Mario Mérida, quien fuera vice ministro de Seguridad, señaló que ella está obligada a realizar un buen trabajo porque "su fracaso será el fracaso del género femenino".
"Yo siempre hice una broma de mal gusto, que era mejor trabajar con mujeres porque olían mejor, pero no, era broma, porque las mujeres son capaces de todo y no se les ha reconocido realmente su trabajo", comentó este ex militar.
Marlene además llega al mando de una institución que debe combatir, entre otros delitos, los secuestros, asaltos y asesinatos que tiene de rodillas a este país conformado por 14 millones de habitantes y en donde hay 6.000 homicidios al año.
"La Policía de Guatemala pasa al mando de una mujer enamorada de su uniforme", fue otro de los titulares que encabezó la primera plana de un diario extranjero, algo que -según Blanco- demuestra que esta nación no termina de aceptar que una mujer pueda combatir la delincuencia y enfrentarse a una entidad machista a la que los mismos hombres han desprestigiado.
La columnista Dina Fernández señala que es el momento de demostrar el poder de cambio de las mujeres. "Yo sé que un cromosoma no es fundamento del carácter, la integridad, la inteligencia, la preparación académica y la capacidad de ejecución, pero varias investigaciones respaldan que las mujeres en la vida pública, por lo general, se conducen con mayor honestidad, son más responsables en el trabajo y saben plantarse con mayor valentía cuando hace falta", escribió Fernández.
Para el activista en Derechos Humanos Miguel Ángel Albizurez, el nombramiento de una mujer al frente de la Policía es una garantía de firmeza y de honradez.
El Salvador, Honduras y Guatemala mantienen cifras más altas de violencia en la región, mientras Panamá, Nicaragua y Costa Rica garantizan una vida más segura a sus ciudadanos.
ROTATIVO de Querétaro



