La imagen de una ciudad vacía y cubierta de nieve le imprimía a sus parques, monumentos, edificios y avenidas un aire fantasmal, con el discurrir de sólo unos cuantos empleados saliendo de oficinas y comercios, desapareciendo a toda prisa por las bocas del Metro y apurando el paso para realizar compras de pánico en unos supermercados abarrotados por miles de personas obligadas a pasar por un acuartelamiento de, al menos, 36 horas.
"Vamos a enfrentarnos contra la mayor cantidad de nieve que esta ciudad haya visto en su historia", aseguró hoy el alcalde de la capital, Adrian M. Fenty, mientras coordinaba con las autoridades estatales de Maryland y Virginia el acuartelamiento de las fuerzas de seguridad, de las cuadrillas de quita nieves y de los servicios médicos que permanecerán en alerta para evitar el caos y garantizar la seguridad de los ciudadanos ante el avance de una tormenta que arreciará este sábado.
"La tormenta podría ser extremadamente peligrosa", alertó hoy el Servicio Meteorológico Nacional al señalar que las horas más críticas se vivirán entre la noche del viernes y la tarde-noche del sábado.
"Estamos ante una tormenta que podría romper los récords por el cúmulo de nieve", aseguró un portavoz del servicio meteorológico local que recomendó a los ciudadanos "permanecer en casa y sólo salir en caso muy necesario" ya que circular por las vías públicas entre la noche del viernes y las primeras horas del sábado "será extremadamente peligroso".
Las alertas emitidas por el servicio meteorológico obligaron desde hoy al cierre anticipado de oficinas, escuelas, cancelación de cientos de vuelos desde los aeropuertos de Baltimore, de Dulles International y Reagan National, así como la suspensión de recorridos de Metro y de tren en las zonas más afectadas.
Las previsiones que adelantan entre 50 y 70 centímetros de nieve obligaron a las autoridades a distribuir toneladas de sal a través de las principales arterias de la ciudad y de las más importantes vías de acceso desde Maryland y Virginia para evitar el congelamiento o congestionamiento por nieve de rutas que aislarían a comunidades enteras.
El miedo al aislamiento durante las próximas 36 horas, empujó a miles hacia los supermercados en busca de leche, pan, agua embotellada, productos enlatados y otro tipo de avituallamientos como palas para la nieve, baterías, cadenas para las llantas.
Desde la Casa Blanca, el presidente Barack Obama se mantenía informado sobre la evolución de la tormenta que podría superar no sólo la precipitación de nieve del pasado 19 de diciembre, sino que podría ser mayor desde la que se abatió sobre la capital en 1922.
"Hasta para un hawaiano trasplantado a Chicago, como es el presidente, los 60 centímetros de nieve pronosticados para esta tormenta le merecen mucho respeto", aseguró el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, al manifestar su esperanza de que la tormenta de nieve inicie su retirada en las primeras horas del domingo para que así el presidente Obama pueda disfrutar del Super Bowl (la final de futbol americano entre los Potros de Indianápolis y los Santos de Nueva Orleans) en compañía de sus invitados, la mayoría de ellos congresistas y algunos veteranos de las guerras de Irak y Afganistán.
Diario Rotativo de Querétaro





